Archivo por días: 16 diciembre, 2014

‘El entrenador de base’, per Óscar Novillo

¿Cuál debería ser el objetivo principal de un entrenador de Base? ¿El objetivo debería estar orientado hacia la competición o hacia la formación? ¿Son ambos objetivos compatibles? ¿Se debería priorizar sobre alguno de ellos?

Como primera aportación para la dinamización de este blog, y teniendo en cuenta que uno de los objetivos que buscaré en mi bloque será fomentar la reflexión sobre distintos aspectos que tengan que ver con el voleibol catalán, voy a empezar con un tema que desde mi punto de vista, tratado con seriedad, puede proporcionarnos una mejora a tener en cuenta en planteamientos a medio y largo plazo.

Hablando de datos objetivos, el volei catalán tiene aspectos mejorables, lógicamente, pero hay cosas que se están haciendo realmente bien.

Tal vez no tengamos una representación en la élite del voleibol español en sintonía con el volumen de practicantes, y siendo ambiciosos, también podríamos aspirar a contar con más proyectos deportivos llamados a pelear por títulos.

Por otra parte, contamos con una “base de pirámide” realmente envidiable. Con un volumen de competición en todas las categorías muy por encima del de cualquier otra comunidad autónoma, y además, muchos de los/as deportistas cuentan con gran talento y buen potencial.

El volei catalán puede presumir de estas bondades gracias a la gran labor de captación y fidelización que han desarrollado clubes y entrenadores de base.

Los que conocemos el voleibol hasta el punto de haber experimentado el intento de iniciar a jóvenes o niños en él, sabemos lo difícil que resultan esos primeros pasos en un deporte tan técnico (a pesar de las adaptaciones metodológicas que hoy en día lo facilitan), y lo meritoria que es a su vez la captación de esos jóvenes, que en un porcentaje muy alto, se consigue fidelizar, al menos a medio plazo.

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Los clubes, con estructuras y proyectos atractivos así como con el buen nivel y la seriedad con el que puedan contar las competiciones ayudan, pero desde mi punto de vista, es el entrenador de base el gran protagonista de esta fórmula de éxito con objetivos a corto plazo.

Ahora bien, ¿Cuál debería ser el objetivo principal de un entrenador de Base? ¿El objetivo debería estar orientado hacia la competición o hacia la formación? ¿Son ambos objetivos compatibles? ¿Se debería priorizar sobre alguno de ellos?

¿Qué categorías se pueden considerar “de base”? si queremos relacionar base con formación, y aunque seamos conscientes de que la formación de un jugador perdura, en mayor o menor medida, durante toda su carrera, mi opinión es que la etapa de “base” o “formación” abarca desde los inicios hasta que se finaliza la categoría juvenil, como mínimo.

¿Qué importancia tiene la competición? La competición es la esencia del deporte, ya sea enfocada como alto rendimiento, deporte salud, práctica ocasional, deporte individual, de equipo o como reto personal, por lo tanto, es un aspecto a tener muy en cuenta en cualquier etapa del deportista. Incluso en edades tempranas, la competición supone experiencias valiosas para cualquier jugador/a.

Pero “la base” supone un período decisivo en la formación tanto en valores como en aspectos relacionados intrínsecamente con el deporte (técnica, preparación física,…), sin olvidar el que, sin duda, debería ser objetivo principal en cualquier etapa: la diversión, el aspecto lúdico.

¿Se puede conjugar fácilmente un objetivo competitivo ambicioso preservando una correcta formación deportiva, la adquisición de valores y, sobre todo, la diversión? ¡Mi opinión es que no!

He estado muchos años viviendo una versión de nuestro deporte en la que la diversión está estrechísimamente ligada a la victoria, y aunque entiendo que es un mal necesario en un mundo en el que tus resultados marcan tus condiciones laborales y posiblemente el bienestar de tu familia, creo que sería un grave error trasladar esta filosofía a las categorías de base.

El deportista, ya sea joven o experimentado, que no reacciona ante la derrota, tiene muy limitada su proyección, pero el que sólo se divierte con la victoria, tiene muy limitada su vinculación al deporte, y hablando de jóvenes, este es un problema grave.

Volvamos otra vez a datos objetivos. Si repasáramos la relación de jugadores/as que han formado parte de las Selecciones Nacionales Españolas de voleibol, o de cualquier otro deporte colectivo en la última década, veríamos que es casi imposible encontrar un jugador/a que haya sido campeón infantil y nada sencillo encontrar campeones en categoría cadete (muchos medallistas olímpicos de las selecciones de USA comienzan a competir en voleibol con 18 años, en la universidad). Por lo tanto, el único currículum que engorda de manera relativamente útil con los “títulos” adquiridos en categorías de base, es el del entrenador.

¿Y, debería ser la consecución de “títulos” el objetivo prioritario para el entrenador de base? ¡De nuevo mi opinión es que no! Y no creo ser sospechoso de falta de ambición competitiva… Pienso que sólo un club con prisas, o sea, sin un proyecto ambicioso en categoría senior, es capaz de valorar mejor la contratación de un técnico de base por sus resultados en competición, que por los resultados que atesore en formación y valores.

Entonces ¿un entrenador de base debe renunciar a conseguir éxitos en competición? ¡Ni mucho menos! Insisto en la importancia que tiene la experiencia competitiva, incluso en edades tempranas, para cualquier deportista. Si priorizas en formación y valores, asumes ciertos riesgos que limitan en alguna medida tu resultado en competición. Probablemente no juegues al 100% de tus posibilidades (participación de todo el equipo, planteas un sistema táctico más formativo que competitivo, …) pero si el trabajo es bueno, sin llegar al 100% también habrá opciones.

En definitiva, el mérito de un entrenador de base radica en conseguir que el jugador/a conozca el voleibol y se enganche a él, que adquiera experiencias humanas y deportivas que le ayuden a ser un buen profesional (en cualquier ámbito) y una buena persona, y si tuviera talento, dotarlo de las herramientas para poder hacer de su deporte su vida cuando consiga su madurez psicológica y física.

Ahora, el mérito que yo puedo tener como articulista radicará en si he sido capaz o no de suscitar la reflexión entre vosotros…

Espero que, en cualquier caso, el contenido os sea de utilidad.

 Óscar Novillo | Gerent Esportiu FCVb